|
12 de enero de 2010, Tribuna de Navarra.-
España padecía en aquellos momentos una grave crisis económica que podía poner en peligro el proceso de transición a la democracia. Esta es la razón por la que Adolfo Suárez convocó a los líderes políticos para suscribir un gran acuerdo nacional que permitiera un periodo de paz social mientras las Cortes se concentraban en la tarea fundamental de dotar a España de una Constitución democrática.
España padece hoy una gravísima crisis económica. Ha sido el rey Don Juan Carlos el que ha elevado su voz para reclamar el consenso entre las fuerzas políticas y las organizaciones sociales para superar la crisis: "Es hora de grandes esfuerzos y amplios acuerdos para superar juntos, cuanto antes y con la debida determinación, las graves consecuencias de la crisis, y para recuperar un crecimiento fuerte y duradero, cada vez más basado en la Ciencia y la Formación”. Estas palabras las pronunció en el acto de entrega de los premios nacionales de Investigación de 2009.
Sin embargo, los buenos deseos del monarca encuentran serias dificultades para llevarse a cabo. En 1977 todos estaban de acuerdo en el diagnóstico de los problemas y en las medidas a adoptar para superarlos. Pero ahora las cosas son muy distintas. El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, ha hecho de la crisis un escenario de confrontación ideológica con el Partido Popular, convencido de que el tirón de las grandes economías como los Estados Unidos, Alemania, Francia, China y otros países emergentes permitirá a España remontar la crisis. Su gran baza electoral es demostrar que saldremos del pozo en que nos encontramos sin que el Estado del bienestar se resienta, mientras el Partido Popular reclama reformas estructurales que recaerían sobre los más débiles. Para ello no ha dudado, hasta ahora, en recurrir a un galopante endeudamiento del Estado a la espera de un nuevo periodo de bonanza.
Es verdad que la crisis tuvo como detonante el desplome del sistema financiero internacional. Pero el Gobierno es responsable de no haber tomado ninguna medida para paliar los efectos del estallido de la “burbuja inmobiliaria”, asunto exclusivamente español, desoyendo las voces que le advertían de que esto estaba al llegar. Rodríguez Zapatero ha mentido reiteradamente a los españoles haciéndoles creer que España estaba en la “champion league” y que no tenía nada que temer. Sólo se avino a reconocer la evidencia cuando comenzó a desplomarse nuestro sistema productivo y la marea de la crisis amenazaba con asfixiar las instituciones financieras.
A pesar de ello se ha negado sistemáticamente a adoptar las medidas que reclamaban los economistas más solventes de nuestro país, temeroso de que ello pudiera arruinar su credibilidad. La semana pasada fue un auténtico vía crucis para el Gobierno que navegó a la deriva y dio pruebas de una improvisación suicida. Sólo cuando la Unión Europea y los mercados internacionales le han hecho saber su preocupación por la situación española ha anunciado su disposición a cambiar de rumbo, si bien en el último debate en el Congreso la única medida adoptada ha sido la de incrementar aun más el déficit público ampliando en seis meses más la prestación mínima por desempleo, que ha traspasado la barrera de los 4 millones de parados. Su afirmación de que España no está peor que hace seis meses ha sido un insulto a los más de seiscientos mil trabajadores que han engrosado las listas del paro en los últimos tiempos.
Desde que se inició la crisis el Gobierno se ha negado a considerar las propuestas de la oposición a la que ha acusado de antipatriota por denunciar la situación de la economía española.
En Navarra el Gobierno foral acaba de reclamar el acuerdo entre los dos grandes partidos. UPN tiene gran interés en que esto ocurra porque de esa forma evita la acusación de haberse rendido ante Zapatero, que ha recurrido al partido regionalista cuando ha necesitado su apoyo a una política económica nefasta que rechaza la gran mayoría de su electorado.
La propaganda gubernamental pretende transmitir la idea de que para el PP cuanto peor, mejor. Es posible que se apunte ahora a la exhortación del rey. El llamado “pacto de Estado” le permitiría lavar sus culpas y repartir entre todos las responsabilidades de la pésima situación y de las medidas –previsiblemente impopulares– que haya que implantar.
A CiU le conviene también apostar por el acuerdo, para presentarse ante el electorado catalán como una fuerza responsable a la que únicamente le mueve la voluntad de superar la crisis. Por de pronto, su líder Artur Más ha denunciado que ni Rodríguez Zapatero ni Rajoy están por la labor, aunque ha cargado más las tintas sobre el primero.
|