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| Fernando Bayona. |
18 de febrero de 2010, Tribuna de Navarra.-
Ante las protestas de algunas asociaciones y ciudadanos granadinos ante esta muestra “artística”, que lleva por título “Circus Christi”, la Universidad decidió clausurar la exposición, no por su contenido sino “para garantizar la seguridad de la misma”. No queremos ofender la sensibilidad de nuestros lectores, pero consideramos que no podemos cerrar los ojos ante una marea anticlerical y antirreligiosa –cristiana, por supuesto– que crece sin cesar entre nosotros y que ha hecho bandera de un anticlericalismo cada vez más atrevido y agresivo.
La Virgen aparece convertida en una prostituta de un prostíbulo de carretera de Jaén. Allí conoce a San José, que es un camello. El hijo de ambos crece y mantiene relaciones con María Magdalena, hasta que descubre que en realidad es gay. El autor de esta indecencia disfrazada de muestra artística acudió a la policía para denunciar amenazas de muerte, que habría recibido de grupos “ultracatólicos” a través de Internet.
Publicamos el dossier de prensa repartido por el Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada, que depende del vicerrectorado de Extensión Universitaria y de Cooperación al Desarrollo.
DOSSIER DE PRENSA
Artista: Fernando Bayona González
Título de la exposición: CIRCUS CHRISTI
Fechas: del 11 de Febrero al 5 de Marzo 2010
Lugar: Sala de exposiciones de la Corrala de Santiago
Dirección: C/ Santiago, nº 5, Granada
Organiza: Centro de Cultura Contemporánea y Universidad de Granada
Textos catálogo: Fernando Castro Flórez, Ricardo Anguita Cantero y Asunción Jódar Miñarro
La inauguración coincidirá a su vez con la presentación de un catálogo, creado especialmente para la ocasión, que recoge el resultado fotográfico de esta serie, junto con abundante material gráfico adicional. La edición ha contado con el apadrinamiento de la Universidad de Granada y el Centro de Cultura Contemporánea, además de los textos de Fernando Castro Flórez, Ricardo Anguita y Asunción Jódar Miñarro, que han querido sumar su colaboración para apoyar las imágenes fotográficas de esta publicación.
La exposición nos ofrece un recorrido visual por 14 imágenes fotográficas de gran formato -de una factura y técnica sumamente cuidadas-, independientes por sí mismas, pero que reclaman de una visión en grupo para apreciar todo su potencial narrativo, pudiéndose considerar el espacio expositivo como si de una instalación se tratase.
Nos propone una escenográfica, kitsch, irónica, mordaz y subversiva reversión contemporánea de la historia bíblica, una visión crítica del Nuevo Testamento, ambientando temporalmente en los años 70 y continuado hasta nuestros días, en la que se despliega una suerte de personajes que nos harán apreciar, lo que de la historia sabemos, con una perspectiva completamente diferente.
Bayona se plantea como epicentro argumentativo de esta serie la capacidad narrativa de la alteración del tiempo y el espacio, y el cuerpo como núcleos generadores del proyecto, indagando en la reinterpretación que de éstos podemos hacer, y en las posibilidades plásticas que pueden provocar en el subconsciente colectivo. En unas escenas entre la ensoñación, lo cursi, lo banal y lo kitsch, el proyecto se carga de gran potencial irónico y sexual, planteando a personajes extraídos de su imaginario personal como los verdaderos protagonistas de la historia, forzándonos a modificar nuestra percepción de la realidad.
Los milagros de la Pasión.
[Una aproximación a la obra fotográfica de Fernando Bayona por Fernando Castro Flórez]
… En Circus Christi comienza con una descarnada Anunciación: unas mujeres en ropa interior a las que se acerca un sujeto con el torso desnudo que intenta, con cierta timidez, introducir un billete en las bragas de la central “virgen”. Una niñita, vestida de Hada con varita mágica incluida vuelve la cabeza para contemplar esa escena propia de un local de strip-tease pero ahora enmarcada por la “Piedad” cristiana. El Nacimiento es un estricto parto sobre una mecedora en una habitación desordenada y la Presentación del Templo una teatral puesta en escena de las chicas de un burdel (sin faltar una manifiestamente embarazada) mientras una Madame sostiene a un niño en sus brazos y en una esquina una mujer, cerca de unas antiguas maletas de viaje contempla, aparentemente con melancolía, una jaula de pájaros vacía. Fernando Bayona no duda en transitar por las regiones de lo obsceno al presentar a Jesús y Maria Magdalena ... en un colchón sobre unos palets dentro de una estancia surreal en la que una gallina disecada está colocada sobre un microondas y la pequeña nevera abierta está llena hasta los topes de latas de Coca-Cola; una cortinas de luz velazqueña dotan a la situación de un tono clásico. El sacramento del Bautismo está interpretado por una pareja cuyas camisetas están quemadas, uno de ellos sobre una silla, el otro en ese suelo en el que el fuego aún impone su cruda ley. Jesús predicando es, nada más y nada menos, que un concierto de descamisados en el que el trance es manifiesto en el vocalista. Los deseos homosexuales van tomando cada vez más importancia, desde la Santa Cena en la que una mujer está tumbada sobre la mesa precaria en un espacio abandonado y lleno de graffitis, con brindis y alcohol derramándose por el suelo, hasta el Beso de Judas ... La crucifixión parece más bien un atropello, con el cuerpo yaciendo en el suelo, iluminado por los focos del automóvil, con un escenario escatológico que nos hace pensar que la esperanza religiosa solo surge desde un imaginario homeless. La Pietas que compone Fernando Bayona, tal vez una de sus mejores obras, subraya el rostro de la madre, su infinita tristeza y la conciencia de que no podrá tener la conversación pendiente con su hijo muerto; el suelo cubierto de hojas otoñales dentro de la estancia es el fundamento poético de este “humano demasiado humano” declinar. El Jesús muerto (en una composición heredera de Mantenga) está sobre una cama hospitalaria con todos los aparatos alrededor y la Resurrección también se produce en ese ambiente con las enfermeras transgrediendo al “Noli me tangere”. Por último, las dudas de Santo Tomás llevan a introducir los dedos en la herida, como si fuera posible conseguir alguna certeza ante lo milagroso.
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