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GERMÁN RODRÍGUEZ ¿VÍCTIMA DEL TERRORISMO?
El dirigente abertzale no murió en un atentado terrorista sino en un enfrentamiento con la policía
Todos los años las Peñas de Pamplona rinden homenaje a Germán Rodríguez, que en la tarde del 8 de julio de 1978 murió víctima de un disparo en la Avenida de Roncesvalles de Pamplona.
16 de julio de 2010, Tribuna de Navarra.-

 

Con ocasión del 32 aniversario de su muerte se ha reclamado su inclusión en las leyes estatales y forales de reconocimiento a las víctimas del terrorismo. Sin embargo, el que fuera secretario general de la Liga Comunista Revolucionaria de Euskadi (“Liga Komunista Iraultzailea” LKI), partido trotskista integrado en el entorno político de ETA, y que murió en la tarde del 8 de julio de 1978, no a manos del llamado “terrorismo de Estado”, sino a causa de un violento enfrentamiento con la policía.

 

Los organizadores de la convocatoria sostienen que Germán Rodríguez fue “asesinado” en virtud de un plan perfectamente diseñado por la extrema derecha, con la complicidad del Gobierno de Adolfo Suárez, para segar cualquier posibilidad de integrar a Navarra en Euzkadi, asunto que en aquellos momentos se hallaba en plena ebullición. Nada hay más contrario a la verdad. La extrema derecha no tuvo ninguna influencia en la respuesta popular al contencioso Navarra-Euzkadi. En las primeras elecciones democráticas en Navarra ganó la UCD y su eslogan era: “Por una Navarra sin extremismos”. El partido de Suárez abogaba, además, por la devolución al pueblo navarro del libre ejercicio de su soberanía foral y proclamaba que sólo los navarros, mediante referéndum, podían legitimar el cambio del secular estatus del viejo Reino para integrarse en Euskadi. Las actitudes totalitarias eran propias del nacionalismo vasco para el que Navarra formaba parte indefectible de Euskadi, pretensión que plasmaba en su conocido grito de “Nafarroa Euskadi da”.

 

Todo el mundo era consciente de que los Sanfermines de 1978 podrían ser aprovechados por los revolucionarios abertzales para provocar desórdenes callejeros. Y así fue. En la corrida del día 8, al término del sexto toro, las peñas desplegaron una pancarta con la petición de “amnistía”. Buena parte de la plaza expresó su repulsa al grito de “San Fermín, San Fermín”. Algunos mozos de las peñas, que se hallaban en el ruedo, subieron a uno de los tendidos de sombra para acallar con violencia las voces de quienes les increpaban. Entonces irrumpieron los antidisturbios por la puerta del callejón. Fue una decisión demencial de la policía, que respondió a los gritos de “fuera, fuera” con disparos indiscriminados con pelotas de goma. Se vivieron escenas de pánico y por puro milagro no ocurrió una masacre. Allí mismo comenzaron los enfrentamientos con la policía, que se extendieron después por todo el centro de Pamplona.

 

La irrupción de la policía en la plaza de toros fue una decisión absolutamente descabellad a, adoptada por el comandante de la Policía Armada por su propia voluntad en contra las órdenes recibidas del gobernador civil, Ignacio Llano, que fue abandonado a su suerte en la plaza y que a duras penas logró llegar al Gobierno Civil para tratar de recuperar el control de la situación.

 

Ante el cariz que tomaban los acontecimientos, el gobernador civil ordenó que las fuerzas policiales se retirasen en un intento de rebajar la tensión. En el cruce de la Avenida de Carlos III con la Avenida de Roncesvalles se hallaba estacionado un convoy compuesto de varias furgonetas y un autobús de la policía. Al recibir la orden de retirada, los agentes comenzaron a subir a los vehículos. Los últimos en llegar fueron un grupo de antidisturbios situado en la esquina de Roncesvalles con la calle Amaya, que disparaban pelotas de goma en dirección a la Telefónica y al callejón de la Plaza de Toros y que subieron al autobús que cerraba el convoy. En ese momento, de la calle Amaya surgió un grupo de unas quinientas personas que a la carrera se lanzaron contra la policía que lanzó botes de humo que oscurecieron totalmente el ambiente. Fue entonces cuando sonaron varios disparos, uno de los cuales hirió mortalmente a Germán Rodríguez en el lugar donde se encontraba el monolito erigido en su memoria. Desde un piso situado en la Avenida de Roncesvalles presenciaron lo ocurrido los diputados Gabriel Urralburu, Pedro Pegenaute e Ignacio Astráin y los senadores Jaime Ignacio del Burgo, José Gabriel Sarasa y Jaime Ignacio del Burgo, que habían asistido a la corrida.

 

La versión de los amigos de Germán Rodríguez difiere radicalmente de la anterior. Afirman que no hubo ninguna agresión a los policía, sino que iban abrazándose, jubilosos por la retirada de los guardias, que fueron quienes dispararon sin motivo alguno. Pero esto es rotundamente falso.

 

Resulta sorprendente que ni en los informes policiales ni en la Comisión de Peñas creada para exigir responsabilidades por lo ocurrido hay ninguna referencia a este episodio. A Germán Rodríguez se le negó el honor de haber muerto como un revolucionario.

 

Los sucesos de 1978 fueron un mazazo para la UCD de Navarra. Gran parte de la opinión pública culpó a la policía de lo ocurrido y esto dañaba las expectativas electorales del partido del Gobierno. Por eso resulta grotesco afirmar que lo ocurrido formaba parte de un plan dirigido a impedir la anexión de Navarra. No obstante, cuando se serenaron los ánimos se percibió que la violencia desatada aquel día no había sido espontánea y que lo ocurrido en la Plaza de Toros formaba parte de la típica estrategia abertzale de provocación. Meses después, el pueblo navarro refrendó la Constitución y su Parlamento democrático optó por el Amejoramiento del Fuero.
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