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27 de julio de 2010, Tribuna de Navarra.-
El libro de Imanol Murua es una documentada historia de todo el proceso negociador y
demuestra hasta qué punto el presidente Zapatero estuvo a punto de consumar lo que hubiera
constituido una gran traición a la democracia, a la Constitución y al Estado de Derecho y
a las víctimas del terror al aceptar pagar un gravísimo precio político por el
desistimiento de ETA. Un acuerdo que la firme postura de Mariano Rajoy, al frente del
Partido Popular que supo canalizar una impresionante movilización de la ciudadanía
española, consiguió finalmente abortar.
Reproducimos las referencias a Navarra en el acuerdo de 31 de octubre de 2006:
“Reconociendo que los partidos mantenemos diferencias sustanciales en torno a la presente
y futura configuración del Pueblo Vasco, aceptamos que existe una realidad conformada por
vínculos sociales, lingüísticos, históricos, económicos y culturales llamada Euskal Herria
que se constata en los territorios de Araba, Nafarroa, Bizkaia uy Gipuzkoa en el Estado
Español y Lapurdi, Zuberoa y Baxenafarroa en el Estado Francés.
“Se entiende que esta realidad está configurada en el momento actual en dos ámbitos
administrativos, políticos e institucionales con personalidad propia, Comunidad Autónoma
Vasca y Comunidad Foral de Navarra, y los territorios incluidos en el Departamento de los
Pirineos Atlánticos.”
“Partiendo de la actual realidad jurídico-política plasmada en la existencia de dos
ámbitos institucionales diferenciados (Comunidad Autónoma del País Vasco y Comunidad Foral
de Navarra), nos comprometemos a promover la creación de un órgano institucional común
para los cuatro territorios comprendidos en dichos ámbitos.”
“Nos comprometemos a que el acuerdo resultante, dentro de la Unión Europea y el respeto de
las legislaciones de los Estados correspondientes, contemple la creación de una
eurorregión vasca u otras estructuras institucionales que la evolución del Tratado de la
Unión Europea vaya posibilitando. Asimismo nos comprometemos a promover acuerdos y
políticas transfronterizas para abordar y financiar en su caso políticas comunes y
favorecer iniciativas sociales en los ámbitos económico, cultural, medioambiental...”
En la mesa de Loyola se sentaron Josu Jon Imaz e Iñigo Urkullu (PNV), Jesús Egiguren (que
a la reunión del 31 de octubre de 2006 no asistió por hallarse junto a Javier Moscoso en
Ginebra) negociando con ETA siendo sustituido por el secretario general del PSE de
Vizcaya, José Antonio Pastor) y Rodolfo Ares (PSE), y Arnaldo Otegui y Rufino Echeverría,
por Batasuna.
El acuerdo no llegó a buen término porque finalmente no fue ratificado por la direcciones
de los tres partidos. En la contrapropuesta presentada por el PSE el 8 de noviembre de
2006 se suprimió la referencia al órgano institucional común. Batasuna hizo lo propio y
las negociaciones continuaron a pesar del atentado de la T4.
¿Ante una nueva negociación con ETA?
Zapatero hizo el pasado domingo unas sorprendentes declaraciones al diario El País. Afirmó
que la negociación con ETA durante el “proceso de paz” es uno de sus “mayores aciertos
políticos”.
Estas palabras demuestran que el presidente no se siente arrepentido de haber dado un paso
tan trascendental, que fue un gran engaño a la opinión pública española.
La revelación de que Jesús Egiguren mantiene contactos con dirigentes batasunos, aunque ha
sido desautorizada públicamente por el ministro Rubalcaba, induce a pensar que el Gobierno
está dispuesto a volver a las andadas. Nadie puede creer que Egiguren haya dado este paso
sin contar con la aquiescencia de Zapatero, que fue quien le autorizó en el proceso
anterior a iniciar los contactos con Batasuna.
Es cierto que la acción policial se ha intensificado en los últimos tiempos. Pero tal vez
forme parte de la estrategia del “palo y la zanahoria”. Se detiene a los etarras cuando
salen de sus madrigueras, pero al mismo tiempo se excarcela a terroristas “arrepentidos”
(de estar en la cárcel), probablemente para convencer a ETA de que si abandonan las armas
los terroristas podrían abandonar la prisión. La cuestión está en si, además, se ha vuelto
a hacer el ofrecimiento de “soluciones políticas” al “conflicto vasco”.
Si todo ello se confirmara, el PP –que mantiene una prudente actitud– se vería obligado a
romper “la unidad de los demócratas” y movilizar de nuevo a la opinión pública. |