| Desde la fecha en la que trascendió la invitación que el Congreso americano ha cursado al Presidente español para asistir al “Desayuno Nacional de Oración”, el próximo 4 de febrero en Washington, este acto ha despertado la curiosidad de los españoles, en su mayoría, ignorante de esta “tradición muy distinta a las europeas”, siguiendo la expresión del Gobierno español para referirse a este evento. El acto debe su paternidad a la Fellowship Foundation (lobby religioso con base en Arlington, Virginia) a partir de 1935, atribuyéndose su idea al pastor metodista, Abraham Vereide, que inició esta jornada invitando a los políticos a sus grupos de oración con el fin de presionar e influir en sus decisiones. Actualmente se organiza, con asistencia del Presidente, cada primer jueves de febrero, desde que en 1953 Eisenhower acudió por primera vez. El acto está promovido por el grupo cristiano-conservador “The Family”, congregando a unos 3500 invitados de hasta un centenar de países de todo el mundo, convirtiéndose en un foro político, económico y social del que son anfitriones los miembros del Congreso americano y que no se reduce al desayuno inicial sino que se desarrolla a lo largo de una semana. Durante la misma se organizan todo tipo de encuentros, destacando los discursos y, entre ellos, el del Presidente anfitrión y el de un invitado, cuyo nombre no se daba a conocer hasta el momento mismo de su aparición en la tribuna. Este año el secreto ha sido desvelado, con anterioridad, al hacerse pública la intervención del Presidente del Reino de España, actual Presidente -por rotación- de la Comunidad Europea. El Gobierno del señor Zapatero ha aceptado -muy complacido- la invitación, comprometiendo su presencia el próximo día 4 de febrero en el Hotel Washington Hilton, emulando a los líderes de la Comunidad de Seattle que se reunieron a rezar ante el sufrimiento de tantos afectados por el desempleo y la pobreza durante los primeros años de la Gran Depresión que siguió a aquel “jueves negro”, 29 de octubre de 1929, fecha en la que se desplomó la Bolsa de Nueva York. No obstante, ha causado sorpresa que un líder del laicismo al que se ve incómodo en cualquier acto religioso que, por su condición, se ve obligado a asistir, acepte con tanto agrado y naturalidad el hall de un Hotel en el que se celebra un acto profundamente religioso. Hay quien cree ver en esta decisión el resplandor de luz en el cielo, y oír la voz, repitiendo “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”. Los más, por el contrario, advierten la reproducción de Enrique IV de Navarra, que al pretender en el siglo XVI el reino de Francia, pronunció su célebre frase: “París bien vale una misa”. También, algunos, incluso, ven en la invitación un regalo envenado de Obama, en recuerdo de aquella “sentada” al paso de la bandera americana. Yo creo que nada de lo anterior ha influido en las decisiones. El mundo de las Cancillerías habla otro idioma. Si será así que, hace poco, corrió la anécdota de que en una recepción diplomática celebrada en Madrid ocupaba un lugar preeminente una persona vestida de clérigo, con la coronilla cubierta por un casquete morado (del que sólo se descubre ante Dios; “solideo”), y por algún político se comentó que estábamos volviendo al Nacionalcatolicismo, con ignorancia de que ese religioso era el Embajador de un microestado europeo (con extensión de 44 hectáreas y unos 1000 habitantes), y que ocupaba ese lugar, privilegiado por el protocolo, en calidad de Decano del Cuerpo Diplomático acreditado en España. Al Presidente español, le ha parecido oportuno pasear por Europa vestido con chaqueta americana y el Presidente americano ha querido tener un detalle trasatlántico hacia Europa, pensando en sus raíces cristianas, sin percatarse que su Presidente no se siente cómodo con estos orígenes. De todas formas, sea en inglés o en español, le va a resultar difícil confeccionar una oración que resulte compatible con la que, en el mismo lugar, rezara Teresa de Calcuta el 3 de febrero de 1994, al invocar al “Último día”, en el que Él dirá a los de su derecha, \"Lo que hicieron a uno de mis pequeños, me lo hicieron a Mí\" (Mat. 25:31-46), solicitando el cuidado hacia los más débiles, a los no nacidos. En Moncloa, tendrán que ponerse de acuerdo con el Speechwriting Director de la Casa Blanca para dar coherencia a los discursos (oraciones) que se oirán el próximo día 4 en el Washington Hilton, para que por algún lado se mutile la cita de San Agustín, con la que Obama finalizó el pasado año su intervención: “Reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”. Seguramente, que el drama de Haití brindará soluciones de compromiso con apelación a la confraternidad entre los pueblos y olvido de la raíz latina, “frater-tris”, y que dos hermanos no pueden existir sin un Padre común, Ése que hace pocas fechas fue paseado en autobuses ateos por las calles de Madrid y Barcelona. Ése, cuya representación cristiana también ha sido noticia reciente, que se trata de evitar en Escuelas y Centros públicos. Es curioso que Benazir Bhutto, ex primera ministra de Pakistán, o el Rey Abdullah II de Jordania, el año pasado, pudieran encontrar “alianza de civilizaciones” en la oración común con creyentes cristianos y judíos y, sin embargo, la línea ideológica más significada de nuestro Gobierno, representada por su Presidente, no acepte la existencia de un Hacedor universal. Y, siendo esto así, ¿cómo va a participar, activamente, en una oración comunitaria quien no admite la existencia de Dios? Universalmente, está reconocido que la oración implica un esfuerzo de comunicarse con Dios, para hacerle alguna petición, la mayoría de las veces, de forma descarada y egoísta,. Son menos los que rezan para hacerle partícipe de pensamientos y emociones personales. Y, casi sólo los recluidos en conventos de clausura se dirigen a Él para ofrecerle pleitesía. Finalmente, los no olvidadizos, también rezan para dar las gracias. Recordemos que los Desayunos de la Oración nacieron en los años siguientes a la Gran Depresión del siglo XX y que estos años están siendo coincidentes con otra gran crisis con la que ha iniciado el siglo XXI; y, por lo que se refiere al actual, con una de las mayores catástrofes de un pueblo, en el Caribe. Esta sincronía entre los dramas y la oración ha sido una constante en la historia. Por todo ello, tiene vigencia aquel diálogo que nos hacíamos con el Catecismo del P. Astete –epítome que sólo se encuentra en alguna vieja sacristía o en el fondo de alguna biblioteca y en el recuerdo de nuestra lejana niñez- “¿Qué cosa es orar?: Es levantar el corazón a Dios y pedirle mercedes”. Esta sencilla definición es válida no sólo para católicos sino también para todos aquellos que creen en un Dios, principio y fin de todas las cosas (“el alfa y la omega”, Apoc.21:6) Con el cristianismo, las procesiones de rogativas, instituidas por San Mamerto, obispo de Viena, en el año 469, no son otra cosa que simples oraciones o súplicas que los labradores vienen convocando para impetrar la llegada de las lluvias, tomándole la palabra a Dios de aquella página en la que nos dijo “pedid y se os dará” (Mat. 7,7). Con unas fechas de antelación al acontecimiento que da lugar a este comentario, propongo “jugar a las adivinanzas” sobre el comportamiento orante al que se ha obligado nuestro Presidente al aceptar la invitación americana. Descartando que tome la palabra desde un perfil rigurosamente religioso, se me ocurre que se valdrá de alguna cita bíblica que no resulte comprometida con su predicado laicismo. Así, puede aprovechar la oportunidad de la catástrofe de Haití para resumir una exhortación a los sentimientos de solidaridad, fundados en el amor, concepto válido desde las religiones más antiguas hasta sus interpretaciones más modernas e, incluso, convicciones nihilistas. A estos fines puede acudir a uno de los más bellos pasajes de la Biblia, debido a Paulo, Corintios 1:13, y hacer gala de su vena poética, al talante de “si me falta amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe”…, “si me falta amor nada soy”…, “sin tener el amor, de nada me sirve”…, “el amor nunca pasará”…, para terminar con la antífona: “Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor”. Pero, si ese día lo encuentra más apropiado para prologar, ”urbi et orbe”, su anunciada Ley de Libertad Religiosa, desde su equilibrio en la equidistancia, puede acudir a Mateo 22:21 «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios». |