| Me siento ante el ordenador con el objetivo de intentar contar a los lectores de ELMUNDO.es, sobre todo a los más jóvenes, qué hacemos los diputados del Parlamento Europeo y no puedo empezar de otra forma que agradeciendo a los responsables de esta sección su cordial invitación para participar. Hace más de 25 años, una periodista italiana, Maria Antonietta Macciocchi, ya fallecida, dio el salto a la política de la mano del Partido Radical y se hizo eurodiputada. Publicó poco después un libro sobre su experiencia en el escaño del Parlamento Europeo. Su título era \'La mujer de la maleta\' y, a pesar del tiempo transcurrido, no creo que exista mejor descripción gráfica de la tarea de un eurodiputado. Acudir a Bruselas o a Estrasburgo, las dos sedes en las que se reúne el Parlamento Europeo, es el primer requisito de nuestro trabajo y aunque ahora se viaja más barato y más rápido que hace 25 años, la maleta sigue siendo la inseparable compañera del parlamentario europeo. Esta semana he traído la maleta a Bruselas, donde tocan reuniones de los grupos políticos. Es la semana previa al pleno, que se reúne una vez al mes en la ciudad francesa de Estrasburgo, y en la que nos dedicamos a ultimar las enmiendas y las posiciones políticas que adoptaremos en las propuestas que votaremos en el hemiciclo.
El Parlamento Europeo tiene una organización muy cartesiana, las reuniones de los plenos, de las comisiones parlamentarias, de los grupos políticos y hasta los viajes de las delegaciones parlamentarias dentro y fuera de la UE están planificadas con mucha antelación. Reconozco que es la única manera de hacer funcionar una casa en la que confluyen políticos de 27 países, que hablan en 23 lenguas oficiales, que escriben en tres alfabetos diferentes y que representan intereses muy distintos. Por eso aquí se planifica hasta el turno de palabra en el pleno y no veáis lo que hay que pelear por colarse en la lista de los elegidos que gozarán de un minuto de gloria en algún debate parlamentario. Tiene ventaja quien habla idiomas, porque los regates y los consensos por los pasillos de esta casa se ganan en su mayoría en inglés, convertida por la razón de los hechos en la lengua vehicular de la mayoría.
Yo soy uno de los 265 diputados del Grupo Popular Europeo (PPE), el más numeroso de un hemiciclo que reúne a 736 eurodiputados, divididos en siete grupos políticos -más los diputados no inscritos-. Formar parte de un grupo tan grande tiene muchas ventajas. La primera, fundamental, es que tienes más posibilidades de que tus propuestas salgan adelante porque cuentas con el apoyo de más gente. Pero también sus inconvenientes, porque como el tiempo de palabra se reparte por grupos políticos, te tienes que pelear con tus propios compañeros para que te dejen hablar un minuto en un tema sobre el que tengas un especial interés.
Los eurodiputados también estamos adscritos a una o varias comisiones parlamentarias. Es muy frecuente que cada uno forme parte, como titular o suplente, de la comisión que más relación tiene con su formación o con su experiencia profesional. Como vengo del mundo empresarial, formo parte de la comisión de Comercio Internacional, que es la responsable de examinar todo los que tiene que ver con la política comercial de la Unión Europea en el exterior. También soy miembro suplente de una comisión la comisión especial que ha creado la Eurocámara sobre la crisis financiera, económica y social. En otro post explicaré que nos traemos entre manos ahora mismo en ambas comisiones para que lo entendáis mejor.
He querido dedicar este primer post a explicar un poco el contexto en el que trabajamos los eurodiputados. Maleta incluida. En los siguientes, intentaré explicar qué influencia tiene lo que hacemos, qué poderes tenemos, cómo defendemos los intereses de los electores que nos han votado, y los temas de actualidad que debatimos en el Parlamento Europeo; pero me parecía obligatorio hacer esta pequeña presentación para que se entienda mejor lo que os quiero contar después.
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